miércoles, 30 de agosto de 2017

Proyecto de desconexión, retraso en el referéndum. Joan Tapia

El Periódico
Lunes, 28/08/2017 


A finales del 2015 el Parlament aprobó una declaración que decía que era soberano y que no acataba la ley española. El 'conseller' Mas-Colell -y otros- se llevaron las manos a la cabeza, pero el texto era imprescindible para que las CUP no vetaran a Artur Mas. Claro, el Tribunal Constitucional (TC) anuló la declaración. La historia finalizó con que Mas se retiró, Carles Puigdemont le sustituyó y se recurrió la anulación ante el mismo TC. Parece el juego de los disparates, pero así fue.
El 4 de julio se presentó con gran pompa en el Teatre Nacional, no en el Parlament, la ley del proyecto de referéndum del 1-O. Y el 31 de julio se registró en la cámara catalana. La idea era admitirla a trámite el 16 de agosto y para eso se había cambiado la normativa, para que la sesión parlamentaria se iniciara el 15 de agosto. Era lógico porque sería difícil votar en referéndum el 1 de octubre si la ley no era aprobada con una antelación mínima de un mes. No sólo por la campaña, había que exponer el censo y crear una sindicatura electoral.

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