domingo, 10 de enero de 2010

"Los Amos del Corral" Pilar Rahola 09/01/2010

Aseguran las gargantas profundas del correveidile político que la sentencia del Estatut está al caer. Martes, pronostican. Debe de ser por ello que los nervios están a flor de piel, los Guerra de turno lanzan sus bombas fétidas contra los políticos catalanes –nada nuevo bajo el sol del guerrismo–, y en la soledad del despacho, el Molt Honorable redacta cartas de socorro a la sociedad catalana. Todos están a la expectativa y se posicionan en sus respectivos puestos de ataque, no en vano la mayoría prevé una sentencia indigerible.

En estos movimientos de tropas, a la espera del zarpazo constitucional, brilla por méritos propios la propuesta que ha hecho ICV de "aislar" al PP de la política catalana. Una especie de condena de exilio interior, como si el PP no fuera Catalunya, sino una suerte de alienígena que vive entre nosotros para ocuparnos el cuerpo y destruir al planeta catalán. Lagartos de lengua bífida, transmutados en terrícolas principatinos. Algo así como los protagonistas del sublime relato Invasió subtil de Pere Calders, que alertaba de una invasión masiva de japoneses, tan bien camuflados, que incluso eran japoneses los vendedores de santos de Olot, cuya apariencia catalana era el escondite perfecto de un nipón colonizador. Japoneses, pues, pero en versión peperos mesetarios. Y para ellos, la expulsión simbólica. Esta tentación de "muerte política" para con el PP no es nueva en Catalunya, y en ella han caído desde socialistas hasta los convergentes, acompañados siempre por ERC. El mérito, pues, no es exclusivo de ICV. Tampoco lo es el demérito, porque si algo resulta abominable, desde una perspectiva democrática, es la demonización del contrario y su acorralamiento por la vía del estigma. Es como si nada hubiéramos aprendido desde los tiempos en que alguien recordó que la democracia no era compartir las ideas de los otros, sino darlo todo para que pudieran tenerlas. ¿Quién es nadie para otorgarse la verdad política, para considerarse propietario del debate público, para expulsar a otros de la vida colectiva?Personalmente, no me gusta el PP, y creo que el error de llevar el Estatut al Constitucional es una de las losas que pesan sobre la vocación centrista de Rajoy. Pero estando en sus antípodas, aún me gustan menos los que estigmatizan a otros cuya representación es igualmente legítima. De hecho, en este caso, el PP tiene más votos que ICV, de manera que la cosa ya es el colmo. ¿Qué hacemos, pues? ¿Son menos catalanes los miles que votan al PP, los enviamos al exilio, los estigmatizamos? Perdonen, pero yo de ese autobús me bajo. El PP forma parte de Catalunya, y su aportación me interesa, incluso para rebatirla. Reclamo, pues, el derecho a que no se use el nombre de Catalunya para la intolerancia. Quienes lo hacen no son patriotas, ni garantes democráticos. Son, simplemente, comisarios políticos.

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