miércoles, 11 de noviembre de 2009

"Alakrana" en el atolladero. Pilar Rahola 10/11/2009

Gracias a una de esas fuentes fiables que hablan en boca de otros, hemos sabido que Zapatero existe, y que, según parece, se dedica a alguna cosa. Es una buena noticia, porque después de tantos días de no saber por dónde para, qué hace y a qué dedica el tiempo libre, algunos ya estaban por reeditar la versión Moncloa de Buscando a Wally. Hubo un tiempo en que teníamos un presidente a la deriva, naufragando sin timón, por la tormenta perfecta de la crisis económica. Pero como todo es susceptible de empeorar cuando se está al borde del abismo, parecía que el presidente, emulando aquel viejo chiste del franquismo, había hecho un paso adelante. Pues no, tranquilos. Zapatero no ha caído por el agujero, sino que ha sido abducido por una fuerza extraterrestre. Y ya ha vuelto. O eso dicen, porque continuamos sin verlo, ni oírlo, sin conocer sus estrategias contra la crisis y, en definitiva, sin saber si alguien comanda la nave. Ahora dicen que alguien dijo que alguien lo vio hablando con el armador del Alakrana y prometiendo que devolverá a los piratas a Somalia. ¿Puede prometer eso? Alguien dice que alguien dijo que alguien ha oído que sí. Bueno es saberlo.

Y mientras Wally encuentra a Zapatero, el Alakrana sigue en el atolladero de un secuestro violento que ha conseguido extorsionar, política, judicial y económicamente, a un Estado democrático. La pregunta que formula LaVanguardia.es es muy difícil de responder. ¿Debemos negociar con los piratas? El corazón no tiene dudas, pero las dudas de la razón son de peso. Recordemos el brutal chantaje emocional a que fuimos sometidos cuando la vida de Miguel Ángel Blanco pendía del hilo criminal de ETA. No podíamos ceder. ¿Podemos ahora? ¿Podemos presionar a los jueces para que violenten la ley y devuelvan a unos criminales? ¿Puede hacer eso Zapatero? No, no puede sin saltarse las reglas de juego que rigen nuestra sociedad. Lo cual nos sitúa en una posición de alto riesgo: o ponemos en peligro la vida de 36 personas, o acatamos la ley de los piratas. El atolladero es demoniaco. Especialmente si, además, tenemos un gobierno con presidente missing y sumido en el descrédito. Dicho lo cual, algún día tendremos que hablar de los armadores que envían sus barcos más allá de los límites seguros y que ponen en riesgo la vida de sus pescadores. Tendremos que hablar de su negocio en zonas peligrosas. Cuando todo acabe, ¿no tienen nada que explicar? ¿Es lógico que un Estado tenga que proteger negocios privados en zonas de alto riesgo que están claramente delimitadas? ¿No deberían pagar el coste de dinero público que supone este rescate? Preguntas colaterales que haremos al día siguiente. Ahora lo prioritario es el retorno de estos marineros. La cuestión es cómo. Y no parece que haya ningún otro camino que la cesión al chantaje. Terrible dilema. O la vida o la ley.

Publicado por Pilar Rahola en “La Vanguardia”", el 10/11/2009

sábado, 17 de octubre de 2009

"Vamos mal, muy mal" Francesc de Carreras 17/10/2009

A la vuelta del verano, decíamos en una columna que este país, España, tiene un mal Gobierno y carece de oposición. Bien, hoy decimos lo mismo, pero, desgraciadamente, con unas cuantas razones más.

El espectáculo que está dando el PP, en concreto el que se ha desarrollado ante nuestros ojos durante los últimos ocho días, supera todos los límites imaginables. Un personaje grotesco como el tal Bigotes puede infiltrarse en las filas de tu partido para hacer negocios en lugar de política. Incluso puede ser que un presidente autonómico, remilgado y cursi, le diga por teléfono al personaje grotesco que es su "amiguito del alma". En fin, todo esto, y más, puede ser porque ya sabemos que el nivel de nuestra clase política actual más bien obtiene la calificación de "necesita mejorar" que la de "progresa adecuadamente". Pero lo que no puede ser es que el presidente del partido ande desde hace casi diez meses haciendo de don Tancredo, dándole vueltas al problema sin saber resolverlo. Si uno no sabe gobernar a los suyos, mal sabrá gobernar al país. Esta es la imagen que da Rajoy, enfangado en la Albufera de Valencia, hundiéndose cada vez más en ella, impostando la voz para parecer enérgico y disimular su incapacidad para hacer oposición, cuando tan fácil lo tiene por los visibles errores del contrario. Mientras, el Gobierno de Zapatero está enfrentándose a la crisis económica específica de España no sólo con ideas confusas sino claramente contradictorias. Todavía no he leído ningún artículo de algún economista solvente o insolvente, de derechas, de centro o de izquierdas, que sostenga que las medidas fiscales o de cualquier tipo del proyecto de ley de presupuestos sean las que convienen a la economía española. En general, todos suelen opinar que lo conveniente es lo contrario. También opinan lo mismo los grandes gurús de la economía mundial, incluidos los organismos económicos internacionales y la prensa económica extranjera. Modestamente, los que no somos economistas, sólo expertos en la sencilla economía casera, por puro sentido común también lo vemos así. ¿Estaremos todos, todo el mundo mundial, equivocados?

La última noticia sobre los presupuestos empeora aún la cosa. El Gobierno pacta para poder aprobarlos con el PNV y con Coalición Canaria, previo blindaje del concierto económico en un caso –caso que acabará en el TC, como siempre–, y la "inversión pública más importante de la historia" –Zapatero dixit– en las islas, doblemente, afortunadas, en el otro. Así no se gobierna.

Un país no puede ir bien sin una oposición seria y sin un gobierno sólido. La oposición está enzarzada en sus líos internos. El Gobierno, parlamentariamente débil, no tiene criterio en los problemas importantes y, además, se vende al mejor postor para seguir gobernando. Vamos mal, muy mal.

Publicado por Francesc de Carreras en La Vanguardiael 17/10/2009

jueves, 15 de octubre de 2009

"Tenemos lo que nos merecemos" Gonzalo de Martorell 16/08/2009

Los ves llegar en su coche oficial; encantados de conocerse, rodeados de adulación y cargados de autosuficiencia. A un lado, el secretario. Al otro, el jefe de prensa, esforzado cronista de las palabras que el prócer quiera regalar a la posteridad.
Se sientan frente a ti e intentan convencerte de que cuanto más prohiben, regulan, limitan, controlan y restringen, más libres somos.
Y que hacer pagar por lo que antes era gratis no tiene nada que ver con voracidad recaudatoria.
Siempre generosos con el dinero de los demás, llaman "redistribución" al derroche y "progresismo" al populismo. Equiparan igualdad con mediocridad, crítica con discrepancia y modernidad con estridencia.
Que la culpa es siempre de los demás. O sea: nuestra.
Y lo peor es que, al final, saben muy bien que donde no llegue su poder de convicción llegará su poder de subvención. Y que no pasará nada.
Y uno, claro, acaba teniendo serias ganas de ciscarse en ellos y en el sistema que pone ahí a unos botarates y botaratas que, en la mayoría de empresas privadas serias, no pasarían de la primera fase del proceso de selección de personal.
Oradores a los que cuesta elaborar frases con más de dos subordinadas...
Niñatos que han hecho carrera en asambleas donde había más intercambio de porros que de ideas...
Resentidos contra todo, siempre dispuestos a señalar a quién odiar...
Progres creciditos que, sin embargo, han sabido adaptarse a la era Post-Lennon...
Chicas monas "de cuota" cuyo mérito es, precisamente, ese...
Ya no nos gobiernan políticos en el sentido más puro y noble del término.
Ya no quedan Carrillos, Fragas, Suarez o Felipes. Gente, cada uno de ellos, con sus ideas, sus historias, sus aciertos y sus errores pero con sentido de Estado. Gente capaz de llegar a acuerdos con generosidad, pensando en el bienestar de las próximas generaciones y no en las próximas elecciones. Gente que entendía, probablemente, el concepto "libertad" de una manera diferente pero siempre como valor absoluto.
No, ya no quedan políticos de raza.
Ahora hay simplemente tecnócratas. Profesionales del medrar en el partido -el que sea- hasta que les caiga el cargo. Sin ideología. Sin convicciones. Sin escrúpulos.
Y lo cierto es que tenemos absolutamente lo que nos merecemos.
Hace mucho que aceptamos dejar de ser ciudadanos para convertirnos solamente en súbditos.
Hace mucho que aceptamos dejar de ser contribuyentes para convertirnos solamente en paganos.
Pagar y callar. Eso es lo que se espera de nosotros. Eso y que cada cuatro años, cuando llegan las elecciones, juguemos a esta "drôle de democracie".
Y nosotros, claro, a votar obedientemente "a los nuestros"... aunque "los nuestros" sean un verdadero desastre. Pero que no ganen "los otros". Y jamás plantearse, por supuesto, la posibilidad de que "los otros" puedan tener algo de razón.
Los españoles votamos "a la contra".
Los españoles, en realidad, casi todo lo hacemos "a la contra".
Esa es nuestra gran tragedia, nuestro gran lastre como nación.
Nos importa un bledo que cada vez seamos menos libres y más ignorantes. Lo que nos importa de verdad es que sean "los nuestros" quienes nos acompañen en este camino cuesta abajo.
Que los tecnócratas hayan acabado diciéndonos cómo debemos hablar, comer, follar, conducir,
navegar por internet o jugar con nuestros hijos, nos la repampinfla.
Nos da absolutamente igual que hayan decidido en qué Dios debemos creer, en qué idioma debemos hablar, a qué selección apoyar, qué emisoras sintonizar, qué películas ver, qué musica escuchar o cómo tenemos que divertirnos para ser sostenibles y multiculturales.
Nos la trae al pairo que hayan llenado las carreteras de radares y las ciudades de parquímetros y aún así hablen de todavía más sanciones, multas, impuestos y tasas.
Que la DGT ya anuncie a bombo platillo para otoño su flamante sistema de control de velocidad media por tramos a razón de 500.000 euros cada uno. Repito: medio millón de euros cada uno.
Se rentabilizarán rápido, no se apuren los lectores. Los planes de la DGT pasan por instalarlos primero en túneles y después en autovías y autopistas, donde se producen las mayores alegrías con el gas. La inmensa mayoría de accidentes ocurren, sin embargo, en carreteras secundarias.
Que cada uno saque sus propias conclusiones.
Y, ya puestos, que haga lo mismo respecto a la propuesta de los munícipes barceloneses de que las motos paguen por estacionar en las zonas azules.
Nada de eso es afán recaudatorio, por supuesto que no.
Claro que, al final, incluso eso nos dará igual... mientras sean "los nuestros".
Lo dicho: tenemos lo que nos merecemos.
Publicado por Gonzalo de Martorell "Director de la revista MotoViva", el 16/08/2009 a las 19:23

viernes, 12 de junio de 2009

"El PP Saca la Lengua" Pilar Rahola (13/05/2009)

A estas alturas, me parece posible afirmar dos cosas. La primera, que Mariano Rajoy es un superviviente, capaz de resurgir de sus propias cenizas. Sin ninguna duda, del Rajoy cabizbajo y tiernamente consolado por su mujer que aguantó en solitario el chaparrón de la derrota al altivo Rajoy actual dista un sorprendente abismo. El primero era un político en su peor momento, trémulo aspirante a emular las nimias gestas de Hernández Mancha.

Los adversarios ya construían el puente de plata, y los propios se lamían los afilados incisivos, preparándose para la batalla del poder. Unos y otros, y todos juntos daban por finiquitada la carrera política del hombre que Aznar había puesto a dedo, ungido por el poder supremo de su liderazgo. Un hombre a la sombra de un líder, sometido al espejo de su fracaso, ese era Rajoy no hace tanto. Y de golpe, el gallego amable levantó la tez, soltó lastre, envió a unos cuantos aznaristas a la jubilación forzosa, entabló batalla con la cólera de Aguirre, se rodeó de caras nuevas y, para sorpresa de todos, se reinventó a sí mismo. Sin ninguna duda hoy no es el final del dedo de Aznar, sino el principio de su propio liderazgo, cuya voluntad por centrar el partido y no caer en las sutiles trampas ideológicas que le pone Zapatero parece tener éxito. Desde luego, nada tienen que ver mujeres avanzadas como Soraya Sáenz de Santamaría o Dolores de Cospedal con aquellos Acebes y Zaplana que recordaban a la España que persiguió a los afrancesados. La prueba más notable de la emancipación política de Rajoy es la desubicación severa que padece el antiguo líder, José María Aznar, cuyo único protagonismo pasa por intentar arañar algún titular diciéndola gorda."Sobrevivir es vencer", dice un viejo lema de la política, y desde luego Rajoy, sobreviviendo, ha vencido. Hoy es el líder de su partido, ha conseguido dominar a las fieras interiores, ha mantenido el pulso con Zapatero, no ha cometido demasiados errores y ha abierto las expectativas de éxito electoral. ¿Conseguirá, además de reinventarse a sí mismo, reinventar a la derecha española y transmutarla de vieja derecha rancia y antimoderna en derecha europea? Sin duda, en toda la biografía del PP, Rajoy es el líder más capacitado para conseguir esa transformación histórica. Lo es... si no vuelve a tropezar con la piedra catalana. Es decir, el nuevo PP puede mostrar signos inequívocos de transformación, presentar caras amables de jóvenes líderes, no caer en los debates ideológicos estériles, romper con siniestros aliados mediáticos, y hasta puede surfear por encima del debate sobre el aborto, sin ahogarse. Pero si no supera el discurso atávico de la fobia catalana y no deja de apuntarse al tiro al idioma, no conseguirá abrir ningún capítulo nuevo en su historia. Si el "problema catalán" siempre ha sido el talón de Aquiles de la historia de España, el "problema catalán" es, también, el talón de Aquiles de la derecha española. Y ese talón ya le ha hecho perder las elecciones a Mariano Rajoy, tanto como se las hizo ganar a Zapatero. ¿No aprenden de la última lección catalana? ¿No sabe Rajoy que fue Catalunya el factor diferencial que convirtió en presidente a Zapatero? Y ello ¿no le dice nada? Desde luego, no milito en el pensamiento único catalán, que considera al PP el padre de todos los demonios. En Catalunya, hablar contra el PP sale gratis y generalmente da dividendos. Pero más allá de estos discursos maniqueos que intentan convertir a los votantes del PP en "malos catalanes", es evidente que el discurso del PP, respecto a Catalunya, contiene altas dosis de agresividad. Uno no puede pasearse alegremente por Sant Jordi y mantener el indefendible recurso contra el Estatut en el Tribunal Constitucional. Uno no puede presentar a Alicia Sánchez-Camacho -que indiscutiblemente es una cara amable y moderna-, y luego apuntarse a la delirante campaña contra el catalán en las escuelas, propia de los sectores más rancios del ultranacionalismo español. Uno no puede dar la mano a Cambó y después querer comandar las tropas de la Brunete. Y no puede por varios motivos. Primero, por lo dicho: porque Catalunya es la prueba del algodón de una derecha transformada; sin aprobar la asignatura catalana, el PP no aprobará su propia asignatura. Segundo, porque un partido serio, que quiere gobernar un Estado, no puede asumir como propia la mentira y la propaganda. Las campañas contra el catalán intentan dar una imagen delirante de la convivencia en las aulas, yuna imagen tortuosa de Catalunya. En Catalunya no existe un problema lingüístico, más allá del imaginario de algunos voceros ultras. Y eso debe saberlo un partido importante. Y finalmente, por una cuestión obvia: apuntarse al tiro al catalán puede proporcionar algún estridente titular, pero es hambre electoral para mañana. Porque estos discursos de confrontación sólo dan votos a los más radicales del espectro electoral, de manera que Rajoy, con este tema, trabaja para que gane Rosa Díez. Lo dicho, pues, Mariano Rajoy parece un líder nuevo para una derecha nueva. Pero del parecer al ser la distancia se llama Catalunya. Y, de momento, aún distan muchos pueblos entre ambos verbos.

"El Grito de Somaly Mam" Pilar Rahola (14/04/2009)

Aunque nuestras pupilas de primer mundo pueden dilatarse unos instantes,quizás conmovidas por su relato, lo cierto es que se trata de una historia corriente. Una niña nacida en cualquier lugar de Camboya, una etnia pobre y vulnerable, una infancia en riesgo a los 14 años, su joven cuerpo esclavizado y prostituido durante años hasta que un hombre se enamora de ella y la rescata de un prostíbulo de Phnom Penh. De hecho, ha tenido suerte. Muchas de sus compatriotas son vendidas secuestradas a partir de los cinco años, para ser usadas como esclavas prostitutas. Se llama Somaly Mam, preside la organización camboyana Acción por las Mujeres en Situación Precaria Afesip), ha sido amenazada de muerte por las mafias, y su libro sobre la prostitución infantil, El silencio de la inocencia, publicado en el 2006 en Destino, es uno de esos gritos brutales que estallan en el corazón de la conciencia, y se quedan para siempre. Pero como ella misma cuenta, su historia no es la peor, porque la mayoría de esas niñas no salen del infierno. Estas son sus propias palabras: “Le contaré la historia de Tomdy. Tenía ocho años cuando su hermana la vendió como esclava doméstica. Sus amos le pegaron tanto que se escapó y volvió a casa. Su hermana la volvió a vender a un burdel donde vendieron su virginidad durante una semana, luego la cosieron y la volvieron a vender como virgen, algo que recordaba con horror.
Pasó tres años en burdeles obligada a atender a quince clientes al día. Un cliente borracho pasó toda una noche golpeándola y no quiso pagar arguyendo que ella le había robado. La castigaron
metiéndola en una jaula. Cuando ya estaba inservible, con sida y tuberculosis, el proxeneta la abandonó en la calle. La recogí con once años y me la llevé a casa. Estaba destrozada, sólo sobrevivió cuatro años. Yo la quería muchísimo, la sentaba sobre mis rodillas y la acariciaba.
¿Por qué ahora que tengo una madre, que puedo ir a la escuela, debo morir?”. Confieso que no sé cómo continuar. Después de transcribir la historia de Tomdy, ¿cómo relatar el quiebro que siento? Quería dar los datos de prostitución infantil que, según Unicef, hablan de más de dos millones de niñas prostituidas. Quería explicar cómo empiezan a ser vendidas con cinco o seis años, niñas de Nepal, de Camboya, de Vietnam, de India, algunas compradas por jeques para uso personal, otras repartidas por los miles de burdeles de la zona. Quería recordar que, entre sus clientes, son millones los ciudadanos del primer mundo, muchos de ellos gente de orden, padres
de familia, hombres de bien. Ni tansólo necesitan una tarjeta oro para comprar una niña. Quería explicar cómo mueren en las calles de Bombayo Calcuta, después de ser consideradas inservibles.
Quería hablar del auge de la pornografía infantil, que mueve sus redes con extraordinaria rapidez, y que, según Ecpat ha colocado a México en el segundo lugar de este siniestro ranking. Quería
decir que esta lacra brutal, que destruye a millones de niños en el mundo, nunca forma parte de las cumbres internacionales, no está en las agendas geopolíticas, no conmueve a las almas sensibles del G-20, no existe en las pancartas de los ruidosos que protestan, no llena los titulares de la prensa y prácticamente nunca habita en ningún rincón de nuestra conciencia. Millones de niños
que gritan sin voz, desde los sórdidos rincones donde son vejados, prostituidos, golpeados, violados, usados para gozo de personas que están ahí, abusando de ellos, porque pueden pagarlos. Quería hablar de su dolor, de mujeres como Somaly, quería hablar de nuestro silencio. Pero la historia de Tomdy me ha dejado seca de palabras, hueca, vacía de sentido. Cualquier palabra sobra, porque su historia, que es la historia de miles niñas, lo dice todo, lo es todo, lo grita todo. La cuestión es, ¿cómo es posible que no oigamos su grito?

"Un Sueño" Miquel Roca Junyent (14/04/2009)


Yo también, como otros muchos, he tenido un sueño... en la televisión, aparecía un personaje,con significativa responsabilidad en el país. Pronunciaba en un tono moderado, pero convencido, un discurso dirigido a todos los ciudadanos. Describía la situación con términos reales y comprensibles; no ocultaba la profundidad de la crisis. La relataba sosegadamente, sin adjetivos ni dramatismos, pero su mensaje expresaba preocupación e inquietud. Lo que está pasando, nos decía, es grave. Pero, acto seguido, el personaje hacía un prolongado punto y aparte para afirmar
con rotundidad y convicción que saldríamos de la crisis. En esta fase de su discurso, el protagonista del sueño, ganaba en credibilidad por su propio entusiasmo. No se veía voluntarismo, se notaba la confianza. Serán necesarios muchos esfuerzos y sacrificios; no será fácil, nos decía.
Pero ganaremos este reto de una crisis que nos obligará a todos a cambiar objetivos y comportamientos. Pero, insistía, saldremos reforzados de esta situación si todos ponemos de nuestra parte el compromiso que nos corresponde. Yo solo no podré conseguirlo, señalaba, y por eso reclamo, solicito, imploro, decía, vuestra complicidad. La necesito. Era emocionante. Hablaba de cómo debíamos aprender a ser competitivos en un mundo global; que la prioridad estaba en la formación, en el reciclaje, en la investigación y el desarrollo tecnológico. Que debíamos abandonar los liderazgos humillantes que habíamos asumido en fracaso escolar o en mala calidad de nuestro
sistema educativo; que se proponía resolver, de una vez por todas, la situación de la justicia, asumir los retos de una España plural encallada en un desarrollo torpe, tímido y acomplejado del mandato constitucional de construir un Estado autonómico. Se dirigía a los agentes económicos
y sociales para apelar a su responsabilidad, pero advirtiendo que él no podía declinar la suya. Allí donde no lleguen ustedes, decía, deberá llegar la acción pública que el interés general impone. Al final, pausado, decía que no éramos el país más importante del mundo, ni el segundo o el tercero. Nos invitaba a construir un futuro digno, próspero y en libertad para todos. Será así, finalizaba, como queremos ser importantes en el mundo. Pero sólo ha sido un sueño. ¿O no?

domingo, 24 de mayo de 2009

"Saura en el garaje" Pilar Rahola (22/03/2009)

Lo del título remite a la popular expresión del pulpo y el garaje. Ciertamente, el conseller de Interior consigue estar tan fuera de lugar, que parece un pulpo biosostenible al lado del Seat Panda de los Estopa. Si no fuera por Carmen Maura, Pedro Almodóvar habría pensado en él
para su mítica película, no en vano cabe preguntarse: ¿qué hace un chico como Saura en un lugar lleno de policías? Lo digo porque es la enésima vez que mete la gamba contra su propia policía, justo cuando le correspondería, por lógica institucional, dar un poco de aliento. A diferencia de Rafael Olmos, que ha mantenido el tipo, Joan Saura no tardó ni medio telediario en expresar su incomodo con los Mossos, y de un plumazo abrió todas las dudas, intentó hacer la pirueta de estar a los dos lados de la manifestación, y se preocupó más por lo que dirían los de su partido que por evitar el desprestigio del cuerpo policial. Es decir, antes de que se abriera el melón,
Saura ya ofreció el cuchillo, con lo cual cualquier especulación sobre una mala actuación policial resultó sobrante. Si el propio conseller expresaba rechazo, pedía perdón al mundo y se precipitaba, antes de cualquier investigación, a culpar a la policía de mala praxis, el resto iba rodado. Y así, en su tónica habitual de preocuparse más por un titular progre que por ejercer su responsabilidad, era el propio conseller de Interior el que ayudaba a desprestigiar a los Mossos. Por primera vez el conseller de la policía no hace de pararrayos, no es el bombero que apaga los fuegos de su gente, sino el pirómano que atrae todos los rayos. Hace oposición de sí mismo. Y así les va a los Mossos. ¿Lo han hecho mal los Mossos? Sinceramente, no lo sé, entre otras cosas porqué no sé cómo se reprime una manifestación compleja, donde se mezclan estudiantes que protestan con jóvenes antisistema venidos de fuera y con largo historial de provocación ciudadana. No sé cómo se resuelve una situación en la que siete agentes quedan de retén para
impedir la ocupación de la universidad y se ven rodeados por decenas de estudiantes que quieren entrar. Desde luego, algunas noticias referentes a golpes a periodistas o a ciudadanos ajenos no me parecen aceptables. Pero, a diferencia de Joan Saura, y de algunos colegas con síndrome de Peter Pan, que aún se ven corriendo delante de los grises, y tienen un subidón de adrenalina, yo no dudo automáticamente de la policía, ni creo que, en democracia, se la pueda
equiparar a cuerpos represivos dictatoriales, ni milito en el infantilismo del discurso antisistema. Si ha habido algún error, que se corrija. Pero, por el camino, que se defienda a los Mossos, que se
haga pedagogía del carácter de servicio que tiene una policía democrática y que no se eleve a algunos jóvenes a la categoría de mártires. Màrius Carol lo preguntaba, con excelente criterio, en El club de Albert Om: “¿Qué hacen jóvenes encapuchados en las manis anti-Bolonia?”.
Indirectamente, la respuesta la daba el rector Dídac Ramírez, que aseguró, ante las preguntas de Josep Cuní, que “no todos los encerrados en la universidad eran estudiantes, ni todos eran
del país”. Desde luego, no todo es oro lo que reluce en las protestas estudiantiles. Teniendo en cuenta, además, que sólo una minoría está contra Bolonia, que una minoría de la minoría ha ocupado un espacio público durante meses, que el rector avisó de desalojo si había problemas
de violencia, que los ha habido, y que la situación era insostenible. Lo cual no quita legitimidad a los estudiantes que estén contra el plan; el problema es que ni todos son estudiantes, ni todos están interesados en Bolonia. Pero Bolonia es otro tema. El de hoy se llama Saura, el único máximo responsable de Interior que se ha convertido en el principal avalador del desprestigio
de su propia policía. Es lo que tiene ser conseller de Interior con alma de manifestante: no se puede iramisa y repicar. Al final consigue el doblete: deja desamparados a los Mossos y los otros
le piden la dimisión. Lo hace mejor, y el pulpo nada en el garaje.