Realmente, la crisis se está llevando mal. Pero lo que no puede ocurrir es que con ello se instale
la desesperanza y el desánimo; preocupación, sí, pero el pánico no está justificado. Los titulares son dramáticos, las noticias parecen haberse confabulado para darnos la imagen más pesimista sobre nuestro futuro, y los analistas incapaces de apuntar hace poco tiempo lo que iba a suceder
no dudan ahora en profetizar las previsiones más negras.
Con voluntarismo no saldremos de la crisis, pero con pánico muchos menos. Algunas medidas de las adoptadas por los gobiernos parecen haberse tomado expresamente para provocar la angustia. Pero los ciudadanos, la sociedad, los agentes económicos y sociales tienen que ser más cautos que aquellos. Los nervios aconsejan mal, la precipitación es la compañera del error, el pánico nos convierte en irracionales.
Es verdad que estamos ante una crisis profunda, novedosa y de mucho calado. Pero alguien con autoridad debería decir que vamos a salir de ella; seguramente con cambios muy significativos, pero vamos a superarla. Todas las crisis acaban generando cambios positivos; esta, la de ahora, también. Será dura, dejará sus costes, pero la sociedad la va a superar.
Miremos hacia atrás y constatemos que la historia de la humanidad es una historia de progreso. Hemos vivido muchas crisis, muchos retrocesos, muchos dramas y dificultades, pero a pesar de ello hemos progresado.
Ahora también va a ocurrir lo mismo; que nadie se deje llevar por un pánico que no tiene fundamento. La crisis es relevante, pero estamos en condiciones de superarla. La fragilidad de muchas cosas en las que creíamos y ahora vemos tambalearse no debe ocultarnos la realidad de unas bases sólidas sobre las que asentar la recuperación. No es, insisto, voluntarismo. Habrá
que hacer más, mucho más y mejor de lo que se está haciendo. Pero el pánico sólo dificultará la salida. Aun cuando suene a tópico vacío e inútil, no hemos de perder la confianza. Sobre todo la confianza en nosotros mismos, en nuestro sentido común. No hay motivo para el pánico. Nuestra historia nos dice que por esta vía siempre se fracasa.
Con sentido común, con prudencia y serenidad mucho mejor. ¡Calma!
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