sábado, 23 de mayo de 2009

"Pujol habría tenido tiempo" Pilar Rahola (16/11/2008)

Los hechos son los siguientes. Una de las revistas financieras de más prestigio, y lectura obligada
de todos los poderes económicos internacionales, decide publicar 14 páginas sobre España, con el pertinente apartado sobre Catalunya. Como es lógico, llama a la puerta de la Generalitat, para formular algunas preguntas. El president Montilla responde que no tiene tiempo para recibir al periodista de The Economist, quizás demasiado ocupado en escoger la corbata que se pondrá para ir a llorar a los japoneses de Nissan. Los vicepresidentes Saura y Carod también tienen la agenda llena, ambos demasiado importantes para estas minucias. Y para rematar la faena, el conseller Huguet tampoco considera necesario recibir al periodista, confirmando el principio de Peter que asegura que, en una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia. Así pues, recibido por el gato, el jardinero y un poquito de Castells, el flamante periodista de The Economist habla con unos más que con otros, y finalmente escribe un denso artículo con algunas verdades, algunas medias verdades y algunas notorias distorsiones. A partir de aquí, se arma el típico maremoto en la sopa de galets de nuestra ínclita política catalana, y ya tenemos montado el magno escándalo de barretina. Un despistado que un día escribió un libro sobre Escocia, y a quien ahora tenemos de delegat del Govern al Regne Unit, conspicuo miembro del chiringuito que tiene montado Carod-Rovira, envía una alucinante carta a The Economist, afeándoles el reportaje, Montserrat Tura pide “rectificación y disculpas”, y el propio Carod asegura que todo esto pasa porque no tenemos suficientes “embajadas catalanas”, y amenaza con más. Finalmente, el mismito president Montilla se queja del reportaje, y las tertulias del mundanal ruido hacen su agosto lapidando al malvado periodista. Visto lo cual, si el señor Mike Reid no nos tenía en demasiada consideración, ahora debe de pensar que somos unos boinas de cuidado.
Algunas consideraciones impertinentes. La primera, de rigor histórico. Si hubiera sido en la época de Jordi Pujol, no sólo le habría recibido, sino que le habría enumerado en inglés a todos los directores de The Economist, le habría hecho uno de sus sofás-seducción, y no sólo habría conseguido buena prensa, sino directamente la portada de la revista: “El presidente de Catalunya, un estadista español”. Como si lo viéramos. Pero, claro, los de ahora no hablan inglés... La segunda consideración, de más calado. ¿Es pertinente que un gobierno riña a una revista por una publicación que no le gusta? ¿Pero esto qué es? ¿Es su función ir diciendo a los periodistas extranjeros lo que tienen que escribir? Más allá del hecho de que ese mismo gobierno que se moviliza contra The Economist nunca lo ha hecho contra la brunete mediática española, cuyas barbaridades sobre Catalunya llenarían armarios enteros, está la cuestión fundamental: la libertad de expresión se basa en eso, en la libertad, siempre que no vulnere los principios legales. Yun gobierno que intenta dictar el artículo de un periodista presenta tics inquisitoriales altamente preocupantes. Porque, entonces, ¿dónde ponemos la frontera del dirigismo? Tercera consideración: la cartita del delegat, que debe haber justificado el sueldo de meses con tamaña hazaña. La perla es cuando se enfada porque tildan de cacique a Jordi Pujol. Veamos. No lo tilda el artículo, sino una cita del escritor Muñoz Molina que, hablando del exceso de permanencia en el cargo, cita a Chávez, Fraga y Pujol. El delegat dice que no es un término “políticamente correcto”, pero no lo desmiente.Osea, que el tal Xavier Solano tiene un manual de corrección política, y se queda tan ancho. Y, finalmente, viene Carod y nos amenaza con más chiringuitos en el extranjero. ¿Será para inaugurar zapaterías de los amigos en el extranjero? Patético tanto provincianismo. En lugar de gastarse el dinero público en duplicar funcionarios (teníamos el Copca, y ahora tenemos el juguete de Carod), sería más útil que aprendieran inglés y tuvieran tiempo de recibir a los periodistas. Saldría más barato y sería menos bochornoso.

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